Curiosidades

El primer zapato de la historia y su evolución

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Nos apasiona la moda pero sobre todo, donde se encuentren un buen par de zapatos, que se detenga el mundo. Esa pieza fundamental que desde la prehistoria ayudó a que el hombre más primitivo caminara tantos kilómetros y se expandiera en toda la Tierra.

Arqueólogos y antropólogos creen que el primer zapato humano se utilizó hace 40 mil años, y no porque haya una muestra física del calzado sino porque fue justo en esa época cuando el dedo gordo del pie empieza a verse más pequeño en los esqueletos humanos que se han encontrado, infiriendo que esto se debe a la presión de un zapato sobre esa específica parte de nuestro cuerpo.

Los científicos creen que lo que motivó a los humanos de esa época a dejar de caminar descalzos fue que cambiaron sus actividades, dando más uso a manos y menos a pies, por lo tanto la piel de nuestras extremidades inferiores se hizo más delgada y sensible y nuestros antepasados del final del paleolítico se vieron obligados a protegerlos. Como siempre, la necesidad es la madre de todos los inventos.

Cuando las condiciones climáticas los obligaron a desplazarse, seguramente tuvieron que proteger la piel de sus pies pues ya era más sensible que la de las manos, aunque como hemos visto, la evolución nos ha llevado a que ambas extremidades compartan una sensibilidad similar.

No obstante, excavaciones recientes lanzaron a la luz el calzado más antiguo conocido hasta la fecha: unas sandalias encontradas en una cueva en Missouri (Estados Unidos), confeccionadas por una sola pieza de piel de vaca y que datan en torno al 3.500 AC.

Lo sorprendente del descubrimiento no es lo antiguo del zapato, ni las buenas condiciones en que se ha preservado, sino lo semejante que es a un zapato actual.

Si seguimos la evolución del calzado veremos que los primeros diseños no eran complejos, a menudo simples “bolsas de pie” de cuero para proteger a los pies de las rocas, escombros, y el frío. Fue a partir de la Edad Media, cuando se comenzaron a utilizar diferentes materiales alternados para que se adaptara mejor al pie.

Durante el siglo XVII, el zapato se convirtió en Europa en una señal de nobleza. Los artistas comenzaron a crear zapatos de nuevos estilos para sus patrones. Hasta bien entrado el siglo XX, gracias a los avances tecnológicos, no se comenzó a crear el calzado con otro tipo de materiales; aunque los zapatos de vestir de calidad, se siguen haciendo artesanalmente, cosidos a mano y utilizando el cuero como material principal.

Desde sus inicios, el calzado no solo se utilizó para proteger los pies; era también un símbolo para marcar diferencias entre los seres humanos. En Egipto, sólo el faraón y los dignatarios podían llevar calzado. En Grecia, eran los hombres libres los que utilizaban zapatos, mientras que en Roma los esclavos andaban descalzos y los criminales lo hacían con pesados zapatos de madera. En esta época, el calzado más usado era la sandalia, aunque también existía otro tipo de zapato, la bota. Son los griegos los que empezaron a adaptar los zapatos a todo tipo de pie y actividad: para guerreros, para sacerdotes, etc.

Esta variedad en el calzado adoptada por Grecia será generalizada por Roma, donde el significado del zapato se amplía y se convierte en símbolo de estatus o en amuleto para la buena suerte. En la Edad Media se produce un cambio en el uso que se le da al calzado. Se ignora cualquier significado simbólico y comienza a cobrar fuerza el gusto por lo estético. O lo que es lo mismo, el zapato empieza a ser un elemento para ensalzar las virtudes o tapar los posibles defectos en los pies.

En esta época empiezan a ser los personajes públicos los que marcarán la moda. Godofredo de Plantagenet calzaba polainas para disimular una excrecencia en la punta del pie. Carlos VIII usaba tacón de punta cuadrada para cubrir sus pies de seis dedos. Luis XIV pone de moda el zapato de tacón con el fin de disimular su corta altura. Pero si en el Medievo eran los monarcas los que marcaban el ritmo de la moda, en el siglo XVIII un acontecimiento será el referente para el zapato: la Revolución Francesa. Se busca un zapato cómodo. De esta forma el tacón cede su paso al zapato plano, a los escarpines estrechos y a las sandalias de tiras enlazadas (reminiscencias de la Roma antigua).

Con el paulatino desarrollo industrial imperante en el siglo XIX aparecen nuevos modelos y formas de fabricar calzado. Ya a finales de los años 30 comienza a adquirir fuerza el botín al igual que se crea el cubre zapatos o polaina. Es en esta época cuando aparece un modelo que dejará una huella imborrable: el calzado Oxford. No cabe duda de que es una época importante para el zapato: gracias a la maquinaria utilizada empieza a hablarse de una industria del calzado y a finales del siglo XIX incluso se da la producción en serie. En esta época, encargar un par de zapatos a un artesano era un signo de distinción social.

El siglo XX será el siglo del zapato femenino. Poco a poco las mujeres se incorporan a la esfera pública debido en parte a que tienen que sustituir en el trabajo a los hombres que marchan a la guerra. Se pone de moda un look andrógino y práctico: vuelve el calzado bajo. Las guerras proliferantes en este siglo hacen que haya escasez de materiales: el cuero es sustituido por otros materiales menos nobles. Con los años 50 llega el tacón de aguja o stiletto, que vuelve a ser de nuevo alto y sutil, mientras que el zapato bajo llamado “bailarina” se difunde a través de medios masivos como el cine (Audrey Hepburn los calzaba en “Sabrina”). Será una década más tarde cuando regresen los zapatos altos: mocasines, altas plataformas… y, poco a poco, se va mostrando una tendencia que es la que marca las últimas décadas del siglo XX y el propio presente: variedad y gustos para todos. Un zapato para cada momento. Un calzado para cada persona.